La Opinión de: Alfredo Ramírez // La política nayarita entra en una de sus etapas más interesantes rumbo a 2027. Morena tiene sobre la mesa seis perfiles para definir a quien encabezará la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, una posición que, aunque formalmente no constituye todavía una candidatura, representa una pieza central en la ruta hacia la gubernatura.
Los nombres ya son conocidos: Jasmine María Bugarín Rodríguez, María Geraldine Ponce Méndez, Jorge Armando Ortiz Rodríguez, María Elizabeth López Blanco, Miguel Pavel Jarero Velázquez y Héctor Javier Santana García. Los seis forman parte del proceso interno en el que también participan el Partido Verde y el Partido del Trabajo.
Y aquí comienza lo verdaderamente interesante.
En política, ganar una encuesta o recibir una designación es apenas una parte de la historia. La otra —quizá la más complicada— consiste en conseguir que quienes no resulten favorecidos permanezcan dentro del mismo proyecto y trabajen por un objetivo común.
Morena ha utilizado este mecanismo de coordinación como parte de su ruta hacia las gubernaturas. Para Nayarit, la definición tendrá especial relevancia porque en 2027 no solamente estará en juego la gubernatura: también se renovará el Congreso local y los 20 ayuntamientos.
Por eso, la pregunta no debería ser únicamente quién será elegido, sino qué ocurrirá al día siguiente.
Los seis aspirantes han construido durante los últimos meses sus propios equipos, relaciones y expectativas. Algunos tienen presencia en Morena y otros llegan desde sus partidos aliados. Todos han recorrido municipios y han buscado posicionarse ante la ciudadanía.
La lógica política indica que, una vez conocida la decisión, habrá sonrisas en un equipo y caras largas en otros. Eso es prácticamente inevitable en cualquier competencia interna. Lo que está por verse es si esas diferencias se quedan en la natural inconformidad de un proceso o si terminan provocando fracturas.
También sería apresurado afirmar que habrá cambios de partido o rupturas. Esa posibilidad puede comentarse y especularse en los círculos políticos, pero hasta ahora no existe una decisión pública de alguno de los seis perfiles que permita darla por hecho.
Lo cierto es que Morena tendrá que administrar cuidadosamente el escenario posterior a la definición. No bastará con presentar a una persona como coordinadora o coordinador; será necesario construir acuerdos con quienes participaron en la contienda y con las distintas fuerzas que integran la alianza.
Porque una cosa es competir entre compañeros y otra muy distinta es enfrentar juntos una elección constitucional.
La política nayarita está a punto de entrar en esa segunda etapa. El nombre que resulte elegido tendrá la responsabilidad de encabezar los trabajos rumbo a 2027, pero los otros cinco también tendrán que decidir qué papel quieren jugar en lo que viene.
Y ahí estará quizá la verdadera prueba para Morena: no solamente elegir a una persona, sino conseguir que los demás acepten el resultado y que la competencia interna no termine convirtiéndose en una disputa que debilite al propio movimiento.
Por ahora, seis nombres siguen sobre la mesa. Pronto habrá uno al frente. Lo interesante será observar quiénes se quedan alrededor de la mesa y quiénes, eventualmente, deciden levantarse.
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