La bonita tradición que se perdió en Tepic

Redacción Enguasados By Redacción Enguasados
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Foto: Alfredo Ramírez

Hubo un tiempo en que el Día de Muertos significaba recorrer los altares de la Calzada y pasar la noche junto a los fieles difuntos en el Panteón Hidalgo.

Por: Alfredo Ramírez // En Tepic hubo un tiempo en que el Día de Muertos se vivía de una manera muy especial. La tradición comenzaba con el recorrido de los altares instalados sobre la Calzada del Panteón, donde el aroma del incienso, las flores y las historias de quienes ya no estaban físicamente creaban una atmósfera difícil de olvidar.

Para muchas familias, aquella caminata era mucho más que una actividad de temporada. Cada altar representaba una oportunidad para conocer la historia de personas que dejaron huella en la comunidad, recordar sus vidas y mantener presente su memoria.

El característico olor del incienso acompañaba el recorrido, mientras las fotografías, las ofrendas y los recuerdos permitían acercarse a las historias de quienes se habían adelantado en el camino. Era una manera de entender que detrás de cada nombre había una vida, una familia y recuerdos que permanecían a pesar del paso del tiempo.

Al finalizar el recorrido, los antojitos mexicanos también formaban parte de la experiencia. La música de mariachi no podía faltar y aportaba un toque especial a una celebración en la que la nostalgia se mezclaba con la alegría de compartir recuerdos.

Pero la tradición no terminaba ahí. El Panteón Hidalgo permanecía abierto toda la noche, lo que permitía a las familias quedarse junto a sus fieles difuntos, velarlos, conversar y recordar anécdotas hasta el amanecer.

Padres, madres, abuelos, hermanos y amigos eran recordados entre flores, veladoras y palabras que mantenían viva su presencia en el corazón de quienes acudían a visitarlos. Para muchos, pasar la noche en el panteón era una manera de acompañar a sus seres queridos durante una de las fechas más significativas del año.

Con el paso del tiempo, esta costumbre se perdió en Tepic. Sin embargo, para quienes tuvieron la oportunidad de vivirla, el recuerdo de los altares sobre la Calzada del Panteón y las noches en el Panteón Hidalgo sigue presente.

Hoy, cuando se acerca el Día de Muertos, recordar aquella tradición también significa reconocer una parte de la historia y la identidad de la capital nayarita.

¿Quién se acuerda de aquellos recorridos por la Calzada del Panteón, del aroma del incienso y de las noches enteras acompañando a nuestros fieles difuntos en el Panteón Hidalgo?

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